Aquel Lunes por la noche, todo parecía normal… pero de repente todo cambió, las calles cambiaron su forma, se hicieron más pequeñas ante el peligro que acechaba y a pesar de esto  los movimientos no alcanzaban para escapar del peligro… al menos eso parecía.

Fue una noche diferente a cualquier otra, las sombras de los árboles parecian más oscuras esa noche. Aquellas sombras ocultaban ante los ojos de la venganza presuntos que no lo eran tanto, que al final caerian en su propia trampa.

Su juego había terminado, todo llegaba a su fín… y en algún lugar la marea golpeaba el vientre de aquellos que nunca olvidaron y que fueron testigos de lo que no quisieron.

Y fue así como las cosas que siempre se dieron por hechas dejaron de serlo, todo cambió para siempre. Tal vez no sea suficiente para algunos pero el golpe llega y es de los que más hacen daño, es de esos que no hieren la piel, que no hieren el cuerpo…

es de esos que dan fuerte en el alma, que te empujan al abismo donde caes sin descanso.

Y ese abismo interminable donde se cae lentamente, donde se pierde la razón, donde se siente una soledad absoluta sin importar cuantos esten a tu lado, es un sentimiento tan intenso que perfora hasta el último de los huesos, es una condición que altera los sentidos, los debilita y nos induce a fallar sin importar las consecuencias, y sin importar el camino que resulte aquellos pares seguiran siendolo sólo por un momento, un momento llamado eternidad.